Historia

 

Damián Caputo nace en Buenos Aires a fines de 1977. Es el segundo hijo de una familia de clase media, que vive en una casona grande y vieja en el barrio de Devoto.

Su padre José Luis es abogado y militante político, mientras que Marta, su mamá, se ocupa de la casa y los 3 hijos.

Quizás el primer contacto con la música es un tocadiscos en desuso que está abandonado en el living de la casa. Respecto a esta relación, Damián no reconoce más influencia familiar que la devoción de su papá por los tangos. “Yo le ordenaba en una cajonera gigante los cassetes de tango a mi viejo, que era un fanático de Stampone, Leopoldo Federico, Goyeneche, Colángelo, Raúl Garello. Él decía siempre que era un músico frustrado y realmente le apasionaba, pero se encerraba a escuchar su música solo en un cuarto. La verdad, y por desgracia, mi familia nunca fue una de esas en que los chicos reciben estímulos artísticos desde el vamos. Sé que por el lado de mi bisabuela había actores y músicos pero en mi generación no quedaron más rastros de eso”

Son años difíciles para una Argentina joven que ve interrumpida su democracia por un golpe militar “Mi casa siempre fue muy politizada. Mi viejo era militante de sangre y en esa época estaba sin laburo, en la lona. Sin embargo andaba siempre afuera y volvía tarde todas las noches. En aquel entonces yo sufría esa ausencia, pero hoy siento respeto y admiración por su actividad. Mi vieja pasaba mucho tiempo sola con nosotros en la casa, así que la radio era su compañía. Arrancaba a la mañana bien temprano mientras nos cambiaba para ir la escuela. La radio estaba siempre prendida, aunque en programas políticos o de información, más que de música”

Al tiempo, ya mudados de barrio y por ende de escuela, la enseñanza musical oficial se encarga de poner una distancia con la materia. “En el colegio había una maestra de música que tenía mil años y desconocía la palabra paciencia. Era imposible sentir algún aliciente por esa materia cuando no nos inducían en lo más mínimo a profundizar, más allá de cantar el himno a Sarmiento. El único interés de la manga de forajiditos era hincharle las pelotas a esa vieja mala y que se enojara. Creo que hasta llegamos a encerrarla en el placard una vez. Sin embargo fue mi primer acercamiento con un piano. Había salido el disco “Imagine” de John Lennon y sonaba en todas las fiestas. Esa fue la primera canción que quise tocar”

A los 14 años empieza a tomar clases de piano. Damián es mal alumno, no estudia lo que se le pide, no aprende a leer las partituras, solo le interesa expandir su creatividad. Así nacen las primeras composiciones y una aspiración a poder escribir. “No sé cómo a mis viejos se les ocurre traerme un organito minúsculo de un viaje. Ahí empiezo a investigar un poco. Mi abuelo era un demente. Estaba muy bien de plata porque le iba excelente con su laburo y le encantaba dar todos los gustos a sus nietos. Un día estaba en mi casa y tocan el timbre avisando que había un piano en la puerta. Me acuerdo que estaba tan ansioso que no pude esperar el ascensor, bajé los 8 pisos corriendo. Creo que esos regalos fueron muy importantes ya que me ayudaron a ir acercándome a mi vocación”

Como toda persona que sale del colegio secundario con inquietudes artísticas, pero también con mandatos familiares, Damián empieza a recorrer un trayecto largo. “Me acuerdo que en la secundaria me rateaba de las clases para ir a tocar el piano al salón de actos. ¡Era un piano de media cola increíble, me pasaba horas ahí cantando! Cuando terminé el colegio la pasé mal, no sabía qué hacer de mi vida. Mi viejo había fallecido cuando yo estaba en 5to año y estaba totalmente a la deriva. Tenía asumido y aceptado que debía estudiar una carrera universitaria. Pasé por varias… Comunicación, Relaciones del trabajo. Una vez volvía a mi casa saliendo de una clase de Derecho Laboral y decidí sentado, mirando por la ventana del colectivo, que dejaba todo y que iba a estudiar música. Tampoco estaba tan seguro de que era eso lo que quería, solo era lo único que consideraba que podía hacer. Llegué a mi casa dispuesto a pelearme con mi vieja, sin embargo me habrá visto tan frustrado que entendió y me calmó ella a mi”

“Si bien estudié mucho tiempo el piano y después fui a la guitarra, siempre me consideré un cantante que necesitaba acompañarse”. En seguida aparecieron las posibilidades de cantar en bandas de covers y luego de temas propios. “Un día me llama un amigo diciendo que estaba en un banda de covers y que buscaban cantante. Me fascinó la idea y no lo dudé un segundo. Después vino el afán por tener una banda propia y surgieron los típicos grupitos adolescentes con los que uno se foguea y le toma el gustito a la cosa. El primero se llamaba 3 Ases y después vino Soloalma, empezamos ensayando en un altillo en Barracas. Es una época muy sana, de tener sueños y todo por delante, que recuerdo con mucho cariño”

“Obviamente las primeras composiciones surgían a partir de cuestiones amorosas dignas de un adolescente enamoradizo como yo. Después empecé a abrir la cabeza, leer un poco más e interiorizarme de lo que estaba pasando”.

Los frutos de la política neoliberal aplicada en los años ´90 están a la vista. Fábricas cerradas, altos niveles de pobreza, miles y miles de personas sin trabajo, son la contratara de la fiesta de la corrupción. “En ese entonces empezaba la movida de los primeros piquetes en el norte, y en las calles de la ciudad se empezaba a ver algo increíble: gente comiendo de la basura. Decidí que como individuo tenía que hacer algo, pero no sabía qué. Empecé a leer el diario todos los días, me anoté en la cruz roja, llamaba a ONG´s, escribía cartas de lectores. Evidentemente no sabía por dónde entrarle a mi vocación de servicio”

Mientras termina de cursar la carrera de Músico Intérprete en la Escuela Popular de Música, Damián comienza a militar en una agrupación llamada Jóvenes por la Igualdad. Es el momento en que explota el país, se caen 5 presidentes y la Argentina está sumida en un caos. “Si bien empecé a participar un tiempo antes, políticamente me siento hijo del 2001. Fue un momento importante donde tomé consciencia del mundo. Consideré que, más allá de lo que dijeran mis amigos y la mayoría de la gente respecto de la política, podía serle útil a alguien más que a mi mismo. De repente empecé a ver el egoísmo de mucha gente que criticaba desde afuera el sistema, pero no estaba dispuesta a perder su tiempo para que las cosas cambien: los comentaristas de la realidad disfrazan su egoísmo de asco”

El entusiasmo por la participación política en tiempos de plena efervescencia social y más tarde un trabajo de oficina en el Congreso relegan a la actividad musical a un segundo plano. “Casi sin darme cuenta fui dejando de tocar. Ya no me sentaba a cantar, mucho menos a escribir y lo sentía como algo lejano. Fue un momento muy extraño, no sabía bien desde dónde. Pensé que la música había sido una etapa cerrada en mí, y que había mucho por hacer desde la política”

“Así como se desvanecieron, volvieron al tiempo las ganas de expresar y de crear. Después de unos años empecé a sentir muy fuerte una contradicción entre el querer y el deber. Necesité todo ese proceso para empezar a asumirme como un tipo que busca una verdad y quiere cambiar el mundo, pero cuya herramienta son las corcheítas”

“Cambié de trabajo y entré en una banda de covers para empezar a cantar más seguido. Sin embargo resultó que los lugares donde tocábamos eran de mucho dinero, countries exclusivos y hoteles lujosos. Me empezó a ocurrir que venía de dar una mano en la Villa 31 y después tenía que ir a tocar en Punta del Este. Me cruzaba con delincuentes como Menem, Macri o Hadad en fiestas de medio millón de dólares y veía cómo se tiraban a la basura las toneladas de comida que habían sobrado. Era una sensación de violencia muy poderosa que iba in crescendo y tarde o temprano iba a explotar. Hice el click cuando tocamos en Acapulco, en el Mayan Palace Hotel. Decidí gastarme todos los dólares ganados recorriendo México y con un amigo miembro de la banda arrancamos juntos. Cuando llegamos a Chiapas nos separamos y empecé otro viaje, de mucha búsqueda, que empezó en la Selva Lacandona. Nunca voy a olvidar lo que me pasó internamente, hubo una bisagra en México para mi vida. Venir desde el lujo descomunal y las Ferrari rojas de Acapulco y encontrarme con toda esa gente viviendo en el barro, descalzos entre chapas y cartones… Estuve un mes girando, creo que no me animaba a volver. El día que llegué a Buenos Aires colgué un cartel arriba de la cama que decía “¿Qué vas a hacer?”

“De alguna manera creo que “Canciones, pequeñas revoluciones” es una respuesta a esa pregunta existencial y por eso es un disco tan personal y para adentro. Hay destellos de esta contradicción en casi todas las canciones, justamente porque es una recopilación de los últimos años y la resultante final de este proceso bien largo y transversal, que da inicio a mi nuevo paradigma”